martes, 9 de abril de 2013

Salutación por un premio que nos alcanza a todos


Hace poco celebramos, en casa de amigos y entre amigos, una fiesta para celebrar que el juarense Jorge Humberto Chávez fue laureado con el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2013.
Este es el premio nacional más importante para un poeta mexicano, y le fue concedido por su obra Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto, aún inédito. Los jueces fueron Efraín Bartolomé, Hugo Gutiérrez Vega y Nelson Simón, autores de trayectoria reconocida en el mundo de habla hispana.
            La fiesta fue, en términos generales, modesta; “de traje”, como corresponde a la condición y costumbre de quienes asistimos ahí. Me atrevo a comentar esa reunión, a pesar de que el chisme no es mi género favorito, porque hay elementos de interés indudable, desde mi punto de vista.
            Por ejemplo, esta anécdota que el festejado comentó. Édgar Rincón, también poeta juarense y asistente a la mencionada tertulia, había dicho que ahora el listón se había puesto muy alto para los escritores locales, usando la metáfora del atleta que compite en salto de altura, o algo así. Doy la razón a Édgar, pero agrego con respeto que, como él bien lo sabe, hay autores juarenses que siempre han buscado “el salto de mayor altura”, es decir, una exigencia de calidad en cada uno de nuestros escritos, con independencia de si ello nos lleva o no a recibir premios. Además, está el hecho innegable de que el galardón a Chávez nos eleva, a los poetas de esta ciudad, a un sitio menos oscuro en el teatro de las letras mexicanas. Nos aparta un poco del rincón y nos acerca al centro de la pista, en este baile social del arte (no se enojen, que el trabajo artístico es también un poco de eso).
            Jorge Humberto, con generosidad, dedicó el premio —de manera simbólica— a varios poetas de la ciudad, a quienes mencionó en una entrevista publicada en cierto diario nacional. Y a todos los escritores juarenses, como una forma de agregarnos al festejo y la alegría por esta valoración del arte local. Sí: toda Ciudad Juárez gana. Ahora, quizá las autoridades de los ámbitos político y educativo nos tomarán un poco más en serio. Nuestros conciudadanos sabrán que hay artistas de la mayor valía en los barrios perdidos de esta urbe.
            Siempre. Ciudad Juárez siempre ha tenido personalidades de talento, tanto en el arte como en el deporte y en muchos otros campos del quehacer humano. A veces ganan fama, a veces no, pero dan dignidad a nuestro “gran rancho”, como nos gusta llamarlo a unos cuantos románticos.
            Regresemos a la fiesta. Sería injusto nombrar a unos cuantos de los asistentes, pero farragoso poner aquí la lista entera. Estuvieron personalidades del mundo académico, de las letras, del teatro, familia… un ambiente cálido. Un grupo musical invitado: “Beto Lozano y su grupo”. Para quienes lo ignoren, Beto Lozano fue un cantante y compositor, miembro de Los Silver hasta 1981, cuando forma su propia organización musical. Al fallecer el "Pitufo Mayor", Beto Lozano hijo procuró continuar con el legado que forma parte de nuestras tradiciones. Además de lo popular que fueron y siguen siendo varias composiciones del fundador, hay una en especial que, por su letra y melodía, constituye un verdadero poema: “Moriré en el río”. La canción es una simple y triste historia de amor, pero el escenario es un sitio icónico y representativo de Ciudad Juárez: el Río Bravo. Se canta en fiestas familiares y ha sido incluida en el repertorio de un cantante local independiente, llamado “El Alejandro”. Varios poetas juarenses, como hicieron antes los grandes artistas del mundo, nutren su producción con asuntos y temas populares; así es que la mencionada canción es aludida en más de una obra poética local. “Moriré en el río” se recuerda en libros publicados e inéditos, de manera directa o sesgada. Una muestra es el título de este poemario ganador del Premio Aguascalientes: Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto.
            Por esa presencia de Beto Lozano en la poesía juarense, es que resultaba imprescindible escuchar al grupo, convivir con un descendiente directo del compositor en la fiesta de Jorge Humberto.
            En resumen, esa fiesta por la premiación fue un abrazo que nos dimos todos y la reiteración del difícil, hermoso y eterno compromiso que cada artista tiene con el arte, con el amor y consigo.

Ciudad Juárez, abril de 2013

3 comentarios:

César Silva Márquez dijo...

compa, ciudad juárez no sólo tiene un premio inba, cómo es gacho. saludos y abraxotes.

César Silva Márquez dijo...

compa, cómo es gacho, ciudad juárez no sólo tiene 1 premio nacional inba, andele, eh. saludotes y abrazotes.

Agustín García dijo...

Cierto, César. Aquí me refiero exclusivamente al Premio Aguascalientes y, hasta donde sé, no lo había recibido antes algún juarense. Me entero de cada premiación de nuestros coterráneaos, de los tuyos también, que celebro especialmente. En el artículo no digo que Jorge sea el único juarense premiado. Mi abrazo siempre para ti, mi César.