lunes, 12 de marzo de 2018

Una reflexión romantiquilla...

Mejor un poema que una laptop
Las máquinas de hoy, llámense computadora, teléfono celular, televisión, reproductor de música o video, impresora, cámara fotográfica, automóvil: todo es caduco al poco rato de comprado. Los programas que hacen trabajar laptops y PC deben refrescarse con periodicidad. Update, upgrade, palabras con que nombramos la necesidad de actualizar y sustituir por la versión más nueva, disfrazan el feroz negocio de la obsolescencia programada. Si no estás al día en ese campo de la electrónica y la mecánica, es como si retrocedieras en el tiempo. Tu conocimiento se limita a la capacidad económica o la inteligencia suficiente para encontrar las novedades en todo, ya se trate de cosas útiles o de objetos sin objeto. En cada actualización, los programas computacionales van saturando la memoria virtual y, más pronto que tarde, habrá necesidad de sustituir nuestro ordenador por otro de mayor capacidad; también los programas y softwares deberán susituirse (upgrade), porque los anteriores no son compatibles con toda la parafernalia electrónica que se va inventando para obligarnos a comprar, comprar y comprar sin fin.
            En contraste, un poema viejo nos pide renovar el cerebro con la relectura. Y parece a propósito pero, en cuanto más nuevo es el poema, menos importa, menos valor acumulado posee. En cambio, alejarse en la línea de los siglos permite encontrar mejores versos y de más calidad. Están al alcance de casi todos, por cierto. Solo hace falta mantenerse informados y buscar. ¿Un poema de Catulo?: “Pueden morir y regresar los soles; / muerta una vez la breve luz, nosotros / dormir debemos una noche eterna”. Tan solo reflexionar en este breve fragmento tiene la fuerza de actualizar nuestras ideas sobre la brevedad de la vida desde el punto de vista que propone el poeta latino. O bien, para mencionar algo más cercano y conocido de todos, esta frase: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche. / Escribir, por ejemplo: ‘la noche está estrellada, / y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. ¿En qué sentido son tristes las palabras de Neruda en este poema? Acaso en la imagen de unas estrellas cuya luz es un temblor en lugar del parpadeo intermitente que solemos atribuirles. Acaso en el color azul y en la inmensa lejanía. Pero estas líneas ligadas con el resto del poema otorgan todo el sentido a la idea de tristeza que anuncian: “Ella me quiso, a veces yo también la quería. / Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos”. Y ya está: la noche, el temblor lejano de los astros, el tiempo verbal del amor y el deseo pretéritos. Todo ello es triste, y mucho, pero nos lo hacen sentir las palabras del poeta. Nos renueva la sensación que alguna vez padecimos por un amor que se acabó. Update, upgrade para las emociones, pero una y otra vez, todas las que hagan falta y a bajo precio. Mejor un poema que una laptop 

1 comentario:

Hilda Sotelo dijo...

Cierto. Estuve leyendo a los estudiantes Platero y yo, en serio que me tomó varias repasadas reconectame a la memoria de la primera lectura, hace ya muchos años. Y no se diga a l@s estudiantes, aferrados a no usar el libro-diccionario. El ciudadano/a digital debe nutrirse de poesía. Saludos, estimado poeta.