jueves, 4 de abril de 2013

El poeta visto como persona


No es más que humano, por gracia o desventura, el poeta.
Y es todo humano, en rigor, masa y defectos.
Imperfección es toda la esencia humana y animal.
Esta forma dispareja, casualmente puesta sobre el mundo,
casualmente poeta, ¿qué les puede decir a otros humanos?
¿Qué novedad puede ofrecer, no siendo él mismo novedoso?
¿Qué placer puede inventar quien vive en displacer los más años de su vida?
Se ha dicho, se decía tiempo atrás: “el poeta es un iluminado”.
Y entonces creímos que una voz venida desde “el más allá”
dictaba versos al poeta en su rincón.
Pero ya no somos tan ingenuos; es más: somos ateos,
poco nos conmueven las mitologías.
Nos acercamos al poeta para ver si algo muy raro,
algo mejor o no común le cuelga en algún sitio,
por decir, la voz o la mirada.
No: el poeta es un pobre borrachín, algún burócrata,
aspirante a un puesto en la política.
El poeta es un cornudo, mandilón o solitario;
un licenciado de cualquier oficio que no ejerce.
El poeta no es divino ni santo ni valiente.
Visto al detalle, vale poco más
o poco menos
que nada.
¿De dónde, pues, dice que trae consigo la belleza?
¿Quién le hizo creer que tiene la verdad, la llave
para abrir el arca de todo lo sublime?

Dice conocer los cánones del ritmo:
¿Sabe bailar acaso con la vida?
¿Su existencia es modelo de armonía?

El poeta. ¡Oh sí, el poeta!

2 comentarios:

Laura dijo...

qué tal una de mis rimas para este blog?

Agustín García dijo...

Cuando gustes, Laura, mándame tus poemas y los "posteamos" aquí.