domingo, 8 de julio de 2018

Breve relato u ocurrencia

Paseo veraniego

Apenas pasadas las cinco sonó el despertador. Caprichoso: suena cuando quiere y a la hora que quiere. Monté en mi velocípedo y le dí al pedal hasta que atisbé sobre los techos la greña despeinada del niño Sol. Llegó con una sonrisa impertinente de criatura consentida. Cuando tomé la calle en dirección a donde suele asomar el astro, me encandiló con sus primeros rayos deslumbrantes como diciendo: sal de mi calle, es mía, entra en tu casa o te fundo con el pavimento. Apresuré el pedaleo y llegué directo a donde el despertador me espera siempre. Gracias, le dije, por conseguir que me anticipe al sol, que hoy amaneció insufrible.

martes, 15 de mayo de 2018

Comparto este poema inédito. Para ustedes.


Pero esta luna


Tengo algunas quejas,
algunas decepciones
que me harían hablar mal del mundo.

Pero esta luna…

Cierto: no creo en la esperanza.
No creo en el fruto sonrojado
a causa de buen clima y buen amor
coronando una estación de nuestra vida.

Pero tengo la luna.

No habrá un corazón florecido
en el tallo de la primavera humana.
No creo, tampoco, en la sonrisa
que promete iluminar la vastedad
de nuestra casa en ruinas.

Pero la luna de esta noche brilla
entre jirones de nubes como velos
traslúcidos que la enmascaran;
y no hay en todo el infinito
más nubes ni más luna
que esta, como pintura de Remedios Varo
sobre el horizonte azul y negro.

jueves, 19 de abril de 2018

Un cuentito para ustedes...


Cocina de cumpleaños

El padre preparó una gran ensalada con trocitos de zanahoria cocida, corazones de alcachofa, espinacas frescas, tomate picado y no sé qué tantos ingredientes coloridos, de modo que el resultado bien merecía llamarse “poema cromático”, mismo que dispuso con parsimonia de artista al centro de la mesa. La niña observaba desde un rincón, fingiendo que jugaba, con misterioso interés.
El poema de la madre, en cambio, tenía notas aromáticas que inundaron la cocina tras el concierto de crepitaciones y hervores de la estufa; finalmente sirvió el guiso en lindos platos de cristal junto a un canasto de galletas para el postre. Su delantal tenía corazones rojos y estrellitas, figuras que gustaban a la hija.
Era el cumpleaños de la pequeña, quien a su tierna edad fue capaz de agradecer el agasajo tomando con propiedad el tenedor, que le sirvió para acercarse el canasto; luego deslizó el plato del guiso hasta mandarlo al suelo y, para hacer mayor espacio, volcó el platón de la ensalada. En medio de semejante caos y el silencio de los padres, que no encontraban palabras para expresar su desazón, la niña tomó un puñado de galletas y bajó con pericia de la silla para irse a divertir con sus juguetes, pues hambre, era evidente, no tenía mucha.
La poesía mejor, en aquella ocasión, se manifestó intensa y cruda en la sonrisa triunfal de esa criatura.


domingo, 15 de abril de 2018

Va esto para ustedes, adelanto de una serie de poemas-reflexiones sobre México.


No seas de esos…

No seas tú de los que dicen: “Ah, el transporte del cuarto a la calle, de la indiscreta intimidad de una habitación a la libertad que brilla en los ojos del paseante en la calle; ventana afuera y ventana adentro. Ah, ese transporte…” ¡No!
Tú cruza la ventana, rompe el cristal y vete a inaugurar la vida. No cantes la contemplación del inspirado e insípido bardo. Mejor vive el canto de la marcha, de la calle, de la autonomía que se camina y se practica.

lunes, 19 de marzo de 2018

Comparto este poema veterano que encontré en mi cajón de guardaditos

Motocicleta y pluma

La emoción de correr sobre dos ruedas
está en el roce fiero
de la brisa en las mejillas,
los párpados, el cuello, las orejas.

Se deslizan las dos ruedas por el pavimento.
También se desliza en el papel mi pluma

y escribe orejas, cuello;
la brisa de un beso en la mejilla,
el roce pendenciero
de mis dedos en dos párpados que vuelan.

Cuál carrera es más apasionante,
me pregunto en ejercicio pleno de ocio:
el viaje del biciclo por la cinta interminable,
su designio inédito;
o el trazo en tono sepia, continua-
mente entrecortado de la pluma.

El destino de la moto es una muerte
aparatosa y prematura.
El destino de la pluma es un viaje hacia la nada
que erosiona la existencia toda.

La emoción de correr sobre una esfera
es el gasto frenético de tinta.

Mas tengo el deber de continuar la vida,
y otras cosas pendientes.
Y, parafraseando a Robert Frost,

millas por correr antes del fin;
muchas millas por correr antes del fin.

lunes, 12 de marzo de 2018

Una reflexión romantiquilla...

Mejor un poema que una laptop
Las máquinas de hoy, llámense computadora, teléfono celular, televisión, reproductor de música o video, impresora, cámara fotográfica, automóvil: todo es caduco al poco rato de comprado. Los programas que hacen trabajar laptops y PC deben refrescarse con periodicidad. Update, upgrade, palabras con que nombramos la necesidad de actualizar y sustituir por la versión más nueva, disfrazan el feroz negocio de la obsolescencia programada. Si no estás al día en ese campo de la electrónica y la mecánica, es como si retrocedieras en el tiempo. Tu conocimiento se limita a la capacidad económica o la inteligencia suficiente para encontrar las novedades en todo, ya se trate de cosas útiles o de objetos sin objeto. En cada actualización, los programas computacionales van saturando la memoria virtual y, más pronto que tarde, habrá necesidad de sustituir nuestro ordenador por otro de mayor capacidad; también los programas y softwares deberán susituirse (upgrade), porque los anteriores no son compatibles con toda la parafernalia electrónica que se va inventando para obligarnos a comprar, comprar y comprar sin fin.
            En contraste, un poema viejo nos pide renovar el cerebro con la relectura. Y parece a propósito pero, en cuanto más nuevo es el poema, menos importa, menos valor acumulado posee. En cambio, alejarse en la línea de los siglos permite encontrar mejores versos y de más calidad. Están al alcance de casi todos, por cierto. Solo hace falta mantenerse informados y buscar. ¿Un poema de Catulo?: “Pueden morir y regresar los soles; / muerta una vez la breve luz, nosotros / dormir debemos una noche eterna”. Tan solo reflexionar en este breve fragmento tiene la fuerza de actualizar nuestras ideas sobre la brevedad de la vida desde el punto de vista que propone el poeta latino. O bien, para mencionar algo más cercano y conocido de todos, esta frase: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche. / Escribir, por ejemplo: ‘la noche está estrellada, / y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. ¿En qué sentido son tristes las palabras de Neruda en este poema? Acaso en la imagen de unas estrellas cuya luz es un temblor en lugar del parpadeo intermitente que solemos atribuirles. Acaso en el color azul y en la inmensa lejanía. Pero estas líneas ligadas con el resto del poema otorgan todo el sentido a la idea de tristeza que anuncian: “Ella me quiso, a veces yo también la quería. / Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos”. Y ya está: la noche, el temblor lejano de los astros, el tiempo verbal del amor y el deseo pretéritos. Todo ello es triste, y mucho, pero nos lo hacen sentir las palabras del poeta. Nos renueva la sensación que alguna vez padecimos por un amor que se acabó. Update, upgrade para las emociones, pero una y otra vez, todas las que hagan falta y a bajo precio. Mejor un poema que una laptop 

viernes, 9 de marzo de 2018

Un poema de Darío


Balada laudatoria
a don Ramón del Valle Inclán
(Rubén Darío)

   Del país del sueño, tinieblas, brillos,
donde crecen plantas, flores extrañas,
entre los escombros de los castillos,
junto a las laderas de las montañas
donde los pastores en sus cabañas
rezan, cuando al fuego dormita el can,
y donde las sombras antiguas van
por cuevas de lobos y de raposas,
ha traído cosas muy misteriosas
Don Ramón María del Valle Inclán.
   Cosas misteriosas, trágicas, raras,
de cuentos oscuros de los antaños,
de amores terribles, crímenes, daños,
como entre vapores de solfataras,
caras sanguinarias, pálidas caras,
gritos ululantes, pena y afán,
infaustos hechizos, aves que van
bajo la amenaza del jerifalte,
dice en versos ricos de oro y esmalte
Don Ramón María del Valle Inclán.
   Sus aprobaciones diera el gran Will
y sus alabanzas el gran Miguel,
a quien ya nos cuenta cuentos de Abril
o poemas llenos de sangre y hiel.
   Para él la palma con el laurel
que en manos de España listos están,
pues mil nobles lenguas diciendo van
que han sido ganados en buena lid
por el otro manco que hay en Madrid:
Don Ramón María del Valle Inclán.


                        ENVÍO

   Señor, que en Galicia tuviste cuna
mis dos manos estas flores te dan,
amadas de Apolo y de la Luna,
cuya sacra influencia siempre nos una,
Don Ramón María del Valle Inclán.

                        IMPROVISACIÓN
A Rodolfo Ramos
   Al amigo que pide una palabra mía           
yo le digo que pida, si pide bien, la luz;
y que, si es católico, que le pida a María
para el despierto hereje limosna de una Cruz.

(Buenos Aires, 1897)

[Me atreví a transcribir este poema por su métrica inusual: las primeras cinco estrofas (antes del "Envío") son endecasílabos acentuados en la 5a. sílaba. Es un esquema llamado "endecasílabo galaico antiguo" y ha tenido muy poco uso en toda la historia de la poesía en español. Nótese la musicalidad tan diferente, casi de conversación, contra la forma más común del endecasílabo, que suele llevar el acento central en 6a.].

lunes, 26 de febrero de 2018

Revista de poesía crítica

Buen día a todos. Había olvidado compartir en este blog (que tan olvidado tengo) el vínculo a esta nueva revista española, Bohemia. Vamos al primer número, también publicado en la plataforma ISUU, mediante click aquí. ¡Disfrútenla!

domingo, 11 de febrero de 2018

Comparto esta reflexión


Prófugo

Huyo del verso como del espanto, y el verso me persigue como el pez va tras el anzuelo; mas qué mala carnada encontrará y qué atroz agonía sufrirá el poema en mis manos ignorantes, mi cuerpo vulnerable, mi mente incapaz de erigir un monumento digno a la madre poesía.

Pobre poema cuando ya no habita sino este medio cristalino, estos cauces construidos exprofeso para fácil navegación de los peces parlantes.

Huyo del verso, esa línea con tradicional cadencia, histórico caudal de tropos,
solo para ver si algo hay más allá (o más acá) de sus canónicos ladrillos .

Escapo de un verso voraz y no sé si llegaré a burlar su acoso con intención de hallar, en un recodo del camino abrupto, a la madre del verso, esa bruja llamada poesía. Solo quiero yacer con ella, preñarla sin buscar canciones inventadas para una fácil seducción.

Huyo, pero no para siempre: de vez en cuando soy dócil, me dejo llevar por corrientes de agua tibia; sin esfuerzo entonaré los cánticos, los mismos del principio de los tiempos. Huyo para encontrar la cara oculta de la luna, la falacia que enmascaran los encantos de la rima, las verdades horrendas y los goces prohibidos de la antipalabra. Soy prófugo, infractor porfiado. Vivo a salto de mata por pura, simple incertidumbre: ¿Qué vale más? ¿Para qué tenemos al verso? ¿Qué novedad ofrecen los antipoetas?

Huyo del verso, aunque me encuentra siempre a la vuelta de la esquina, adonde apenas llego con mi trote miedoso, con mi tímida renuncia. Amo el verso y trato de salir de sus dominios, de su hechizo. Huyo cada y cuando, mas regreso si una voz me dice, como muchas veces me lo ha dicho, que más allá no hay nada. “No hay nada en el verso”, dijo Rilke, pero más allá descubro todavía un mayor vacío.

Sigo corriendo lejos del verso para alcanzar el pez anfibio, la palabra desceñida, la idea desnuda y novedosa que se puede construir con luces, con rocas, con ruidos baratos. Me voy, cada que puedo, del metro silábico, de su embriagante ritmo, pues busco el oído de pueblos enteros, de pueblos incrédulos del poema y sus metáforas. Me voy tras la palabra simple, la de un color moreno irresistible. Es decir, dejo una seducción por otra, y cuando me doy cuenta, debo volver al origen. Voy y vengo, sí, seducido a veces por la música del verso, a veces por el mensaje directo de la prosa.

Me voy detrás de la blanca inocencia, del sonrosado amor, la cándida noche del comienzo: nada de eso existe. El verso instalado en cada siglo, cada milenio, cada canción, se impone. Tan enorme es su presencia que me abruma. Huyo por hoy, por este par de páginas, de su peso.

lunes, 5 de febrero de 2018

En memoria de Armando Arenas



Conocí ayer el deceso de mi viejo amigo,
joven aún para marcharse (siempre somos jóvenes).
Doloroso fin, porque lo amamos y porque se clava en la sorpresa
de vernos cada vez más cerca, resignados y vencidos,
de ese día en que se apague nuestro aliento.
Alguien esparcirá la noticia que descienda como un puñal en el pecho
de los amigos. O como nota indiferente para otros,
pero nota al fin, perturbación en el curso de las horas.
Un amigo ha muerto, un médico amable, un señor querido
y deja, más allá del terror de vernos pronto en la tarea de seguir tras él,
la calidez con que se hacía presente, el timbre de su voz,
que igual prescribió consejos, medicinas o poemas.
La muerte de Armando es lámpara súbita
encendida a la mitad del sueño. Más que llorarlo,
me quedo con el eco de su risa, el resumen 
de los momentos festivos, de los brindis, los abrazos.
Su entrañable humanidad ingresa hoy en el lago de la eternidad, 
esa oscuridad sin fin que él rompe como un relámpago.
Sí, alumbra un instante del tiempo este poeta: así destella
quien a tantos supo dar consuelos y pastillas, alivio o esperanza,
como un faro que irradia ante los náufragos, estos que se quedan
atónitos y llenos de preguntas: la respuesta es que puede arder 
la suma de una vida cuando toca dar descanso a los ojos.

Mi deseo, hoy que recibo la noticia triste, es recordar al amigo
en el marco de su alegría, de su vitalidad humana y paternal.
Una memoria como súbito, inesperado fuego que nos traiga,
así de golpe, los momentos buenos vividos con Armando.

Ojalá todos causemos, cuando no estemos más, un chispazo al menos,
una llamita de amor como cosecha de afanes y fatigas y entrega generosa.
A eso aspiro.